Esperit de la missatgeria

«Había comenzado el período de Siva el Restaurador. La restauración de todo lo que hemos perdido», Philip K. Dick, Valis.
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jueves, 4 de agosto de 2011

Va de sèries: Historias para no dormir

Ens permetrem una breu rondalla de terror per espantar a les criatures. la titularem els llops que van escurar els ossos de la caperutxeta vermella. Fa així:

«El verdadero indicio de que algo se estaba torciendo llegó cuando Paulson acudió al Congreso y presentó un decreto sobre el TARP de tres páginas que le daba un cheque en blanco por valor de 700.000 millones de dólares, sin supervisión del Congreso ni revisión judicial. En mi condición de economista jefe del Banco Mundial, yo ya había visto estratagemas de este tipo. Si eso hubiera ocurrido en una república bananera del Tercer Mundo, habríamos sabido lo que estaba a punto de ocurrir: una gigantesca redistribución desde los contribuyentes a los bancos y a sus amigos. El Banco Mundial habría amenazado con suspender toda ayuda. No podíamos tolerar que se utilizara de esa forma el dinero público, sin los controles y contrapesos normales. De hecho, muchos comentaristas conservadores argumentaron que lo que Paulson estaba proponiendo era inconstitucional. El Congreso, consideraban, no podía dar la espalda tan fácilmente a sus responsabilidades a la hora de asignar esos fondos.
Algunos responsables de Wall Street se quejaron de que los medios de comunicación estaban desquiciando las cosas denominándolo rescate. Preferían que se utilizaran eufemismos más optimistas, como “programa de recuperación” en vez de “rescate”. Paulson convirtió los activos tóxicos en “activos depreciados”, que sonaba más suave. Su sucesor, Tim Geithner, posteriormente los convertiría en “activos heredados”.
En la votación inicial, el 29 de septiembre de 2008, el decreto de TARP fue derrotado por veintitrés votos en la Cámara de Representantes. Tras la derrota, la administración Bush montó una subasta. La administración preguntó, en la práctica, a cada uno de los congresistas que se habían opuesto cuánto dinero necesitaban en donaciones a sus distritos y a sus representados para que cambiaran su voto. Treinta y dos demócratas y veintiséis republicanos que votaron “no” al decreto original cambiaron su bando para apoyar al TARP en el decreto revisado, aprobado el 3 de octubre de 2008. El cambio de voto de los congresistas fue instigado en parte por los miedos a una catástrofe económica mundial y por unas disposiciones que aseguraban una mejor supervisión, pero, por lo menos en el caso de muchos de los congresistas que habían cambiado su voto, hubo un claro quid pro quo: el decreto revisado contenía una partida de 150.000 millones de dólares en condiciones fiscales especiales para sus representados. Nadie dijo que se podía comprar por poco dinero a los miembros del Congreso.» (Stiglitz, Caída libre, pp. 228-230)

I vet aquí un llop, vet aquí un sac (de diners), a la pobre Caputxeta s'han menjat.

martes, 2 de agosto de 2011

Va de sèries: Aquellos maravillosos años


Demòcrates i republicans han arribat a un acord per incrementar la possibilitat de dèficit públic. Segons el gràfic que apareix avui al diari Público, Estats Units ha passat d’un dèficit públic de 0,91 bilions de dòlars l’any 1980 als 15,46 bilions que s’estimem per aquest 2011. No he estudiat economia, però diria que aquest increment des de les primeres polítiques neolliberals amb Reagan són una bogeria i conviden al desastre més complet.
El pitjor és pensar com s’ha malgastat aquests diners públics (és a dir, de tots). Com explica l’economista Stiglitz al seu Caída libre:
«Pero ni siquiera el hundimiento del sistema moderó la avaricia de los banqueros. Cuando el gobierno aportó a los bancos dinero para recapitalizarse y asegurar el flujo de crédito, por el contrario lo utilizaron para pagarse a sí mismos primas de récord –¡por unas pérdidas de récord!–. Nueve prestamistas que conuntamente tuvieron pérdidas de 100.000 millones de dólares recibieron 175.000 millones en dinero de rescate a través del TARP, y pagaron casi 33.000 millones en primas, incluyendo más de 1 millón de dólares por cabeza a casi cinco mil empleados. Otra parte del dinero se empleó para pagar dividendos, que supuestamente son un reparto de los beneficios entre los accionistas. En este caso, sin embargo, no había beneficios, sólo ayudas del gobierno», plana 161.
I:

«Cuando el gobierno estadounidense emprendió la tarea de rescatar a los bancos, también debería haber pensado en la responsabilidad. Los banqueros que metieron al país en este caos deberían haber pagado por sus errores. Por el contrario, se fueron de rositas con miles de millones de dólares, incluso más, como al final resultó, gracias a la generosidad de Washington. Como sistema, el capitalismo puede tolerar un alto nivel de desigualdad, y hay un argumento a favor de ésta: es la forma de motivar a la gente. Conceder recompensas proporcionales a las contribuciones de las personas a la sociedad da lugar a una economía más eficiente. Pero quienes fueron tan bien recompensados durante la burbuja inmobiliaria no hicieron más eficiente a la sociedad. Puede que durante un tiempo aumentaran los beneficios de los bancos, pero esos beneficios eran un espejismo. En última instancia imponían enormes costes sobre la gente en todo el mundo. El capitalismo no puede funcionar si las recompensas privadas no tienen relación con la rentabilidad social. Sin embargo, eso fue lo que ocurrió en el capitalismo financiero al estilo americano a finales del siglo XX y principios del XXI.» (pp. 208-209).
La història d’aquesta caiguda lliure és la d’un grup d’avariciosos que van fer patir la més gran crisis a l’imperi captitalista per excel·lència. En la narració d’aquells meravellosos anys, trobem uns inversos de Wall Street i uns banquers que semblen agents dobles comunistes infligint una destrucció al capital com mai abans fins ara –això ja supera el Crack del 29, segur.
Però és que l’inversemblant del cas és que a sobre les institucions públiques, en lloc de tancar-los a la garjola per estafadors i gairebé per traïdors a la pàtria, el que va fer és pagar-los pels serveis prestats amb uns premis astronòmics. Digne de Marx. Però no de Karl. De Groucho. N’hi ha per riure: els que es presentaven com els grans defensors del capitalisme en la seva versió millorada, els taurons financers aplicadors de les teories de l’Escola de Chicago, l’han destruït. Així de terrible, paradoxal i fascinant és la història de la humanitat. I en cas que segueixi existint únicament un rebuig ciutadà, sense intervenció política i judicial, la trompada general serà encara més forta.
Com ja hem dit en altres ocasions: estan morts i encara no ho saben. De fet, estan començant a adonar-se. I volen emportar-se per davant tot el que trobin, contagiant el seu mal.